Regale mi alma al Diablo en un contrato simple de entender, donde lo estipulado era: "te regalo mi alma", así tan puro y sensato como suena al leerlo en voz alta. No había letra chica ni maldad en su mirada cuando lentamente acercaba el lápiz a mis manos (algo nervioso por lo demás) . Sus ojos brillantes evidenciaba la importancia del asunto para el. Y mi nerviosismo era letal, era capaz de respirar esa tensión que emanaba hasta de mis dedos.
Firmé la petición que durante meses espero como una máxima prueba de fidelidad, y como buena negociante, mantenía el firmado por su altesa varios meses antes de acceder regalar la mía.
Buscando en la caja de pandora y revolviendo aromas del recuerdo me pregunto -¿donde deje ese jodido contrato que demuestra en puño y letra, del mismo Diablo, que su alma me pertenece?