
Extraño esa noche. Café, lectura, pasteles, galletas, siempre un buen programa.
Ese abrazo que me hacia sentir única en el mundo, la música ruidosa, los recuerdos que pasaron a ser parte del pasado sin olvido, nuestras caras de sueño, los teléfonos. Y el ahí sentado leyendo hasta que caí dormida en esa cama que siempre recuerdo como el mejor momento entre nosotros ...